Los zarcillos son órganos filiformes o ramificados, adaptaciones de las hojas o el tallo, que tienen la capacidad de rodear los soportes y fijarse a ellos. Son un método común que utilizan las plantas trepadoras para sujetarse y crecer, dado que su morfología de tallos postrados lo requieren.
Están formados por tejidos muy sensibles al contacto físico, de modo que cuando el haz de crecimiento reduce su ritmo mientras el haz opuesto lo continúa, el zarcillo sufre una inclinación lateral y se enrosca en el soporte.
| Foto: Lathyrus clymenum |
Existen varios tipos de zarcillos, los caulinares que son de un tallo modificado y los foliares de hojas modificadas, son los principales.
Los zarcillos caulinares, como los de la vid (Vitis vinífera, L.) y la pasiflora (Passiflora, sp) derivan de un tallo que nace de yemas auxiliares a las hojas, no tienen hojas ni nudos.
Los zarcillos foliares, son el limbo de una hoja el que ha sido modificado para poder ramificarse como si fuera una hoja. Guisantes (Pisum sativum), guisantes de olor (Viccia, sp) y arvejas (Lathyrus, sp) son unos ejemplos de leguminosas con zarcillos foliares, las Bignonias también.
| Foto: Smilax aspera |
La zarzaparrilla (Smilax, sp) tiene unos zarcillos inusuales, cada hoja
presenta, en posición estipular, dos estructuras modificadas en zarcillos que
crecen en zig-zag y posee espinas en cada uno de los nudos de enganche.





