Estamos en invierno, pero el frío intenso no ha llegado a mi jardín todavía, lo que significa que es ideal para la aparición de la temible oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), una plaga de la que ya os he hablado anteriormente.
Haciendo fotos a los frutos de la Hiedra canaria (Hedera canariensis, Willd) que trepa por uno de los pinos, encontré a esta única y solitaria oruga de procesionaria.
Enseguida me pasé un buen rato examinando el tronco del pino por donde se encarama la hiedra, con mucho cuidado porque esta oruga es muy peligrosa y puede causar urticarias e irritaciones si se tocan, para ver por donde andaba la procesión, pero no encontré nada.
Me pareció muy extraño no ver ninguna otra oruga más y me pregunté si sería la última de la fila que se había perdido, quedándose sola y abandonada de sus compañeras.
Una inspección visual a los pinos del jardín, no daba indicios de bolsas blancas en las copas. ¡Menudo misterio!
Otra posibilidad sería que los Carboneros y Herrerillos que viven y anidan en Botànic Serrat y que son depredadores naturales de esta oruga, hayan acabado con el resto de ellas, algo que no deja de ser raro también.
Bueno, después de hacerle estas fotos desde varios ángulos, la pobre oruga perdida acabó carbonizada en el fuego y dejándome preocupada por esas bolsas que estoy segura deben estar por ahí. ¡Habrá que estar en alerta!




