En otoño, además de los madroños, en Botànic Serrat hay olivas (Olea europaea, L.) de las que ya os he hablado en otras ocasiones.
Las olivas no se comen cogiéndolas directamente del árbol como ya sabemos todos, requieren un proceso de aliñado y macerado.
Las bellotas de la encina (Quercus ilex, L.) tampoco se comen en la actualidad, aunque en tiempos pasados se comían como las castañas, crudas o asadas. Ahora parece que vuelven a estar en las cocinas ya que es un fruto con grandes contenidos de antioxidantes.
Los rojos frutos del Cotoneaster franchetii, del que también he hablado en varias ocasiones, no son comestibles porque tienen algunos compuestos tóxicos y sólo sirven de alimento a los pájaros.
Y los rosados frutos del Lentisco (Pistacia lentiscus, L.) tampoco se comen, son tóxicos.
De todos ellos podéis ver más información clicando sobre el nombre.

