En estos días, en Botànic Serrat, el Serbal común (Sorbus domestica L.) está cargado de sus frutos, las serbas.
El fruto del Serbal es un pomo carnoso y redondeado que parece una pequeña pera o una manzanita.
Estos frutos se presentan en racimos, al principio son de color verde y van adquiriendo tonalidad amarillo-anaranjado-rojizo a medida en que van madurando y caen al suelo, donde fermentan, que no maduran.
No son comestibles, por lo menos no en crudo por su aspereza y amargor, ni cuando están maduras.
Se recolectan en otoño y se someten a un proceso de postmaduración hasta que se ablandan para utilizarlos en la elaboración de mermeladas o compotas.
Son ricos en vitamina C, ácidos orgánicos y taninos por lo que se han empleado para las afecciones digestivas y como astringente.
Se suelen confundir con la también llamadas serbas o azerolas, fruto del Serbal de los cazadores (Sorbus aucaparia L.) y que son unos pomos similares que aunque más blandos y jugosos que las serbas y más pequeños que se consumen más que haciendo mermelada y compota dejándolos secar como si fueran orejones sobre paja o heno y que se sirven de acompañamiento en guisos de cordero o caza.
Por otro lado también está el Acerolo (Crataegus azarolus L.) el árbol que
produce las acerolas, unos frutos globosos rojo-amarillentos y de pulpa carnosa
que sí son comestibles cuando están muy maduros y presentan un color granate
oscuro, aunque tienen un gusto algo agridulce.
Y el Azofaifo (Ziziphus zizyphus o Ziziphus jujuba) produce unos frutos, la
azufaifa, del tamaño de aceitunas y muy similares a las serbas y a las
acerolas, muy sabrosos, ricos en azúcares y vitamina C que se consumen en
otoño.
El hecho de que se denominen acerolas o serbas a todos estos frutos otoñales
de distintas especies posiblemente sea lo que de pie a este tipo de
confusiones.









