Todos, más
o menos, conocemos el dicho ese de “dormirse en los laureles” que se refiere a ese momento en que uno se relaja y deja de esforzarse por hacer un trabajo o alcanzar
una meta. Pues bien, bajo esa mirada inquieta de "La otra mirada de Botànic Serrat" vamos a conocer su origen.
El origen
histórico viene de la antigüedad, concretamente
de la Grecia Antigua en donde el laurel (Laurus nobilis) era una planta considerada
sagrada por el mito de Apolo y Dafne, la ninfa que se transformó en laurel para
escapar de los dioses y convirtió a ese árbol en un símbolo de triunfo y
victoria. A raíz de ese mito deportistas, guerreros, poetas eran premiados con
coronas de laureles por sus triunfos, así los vencedores de los primeros Juegos
Olímpicos de Atenas eran “laureados” y elevados a la categoría de dioses.
En el
Imperio Romano, se expandió esta costumbre y se otorgaban coronas de laureles a
los emperadores y generales victoriosos de grandes batallas, incluso ciudadanos
destacados, así lo vemos en algunas
imágenes de Julio César.
Tras ese
acontecimiento, la persona exitosa se recostaba cómodamente a descansar sobre
sus propios laureles ganados, y al poco se volvía perezosa descuidando así su
trabajo y obligaciones, en la confianza de que haber logrado el premio éste
bastaría para mantenerlos siempre en la cima. De esa postura y de que los
laureles adormecían, dado que sus hojas son muy aromáticas y pueden producir, según
una creencia popular, letargo es como nació la metáfora de favorecer un cierto adormecimiento
a quienes las llevan puestas durante largos periodos.
Pasados los
siglos, la expresión se integró por completo en el lenguaje popular, llegando
hasta hoy en día a significar lo que todos conocemos, que es ese descanso
exagerado que hace caer en la pérdida de iniciativa y dejar a un lado el
trabajo y el esfuerzo tras haber alcanzado el éxito.
* Ver información : LAUREL





