En el espacio de Botànic Serrat dedicado a conocer las historias y
leyendas de las plantas, hoy vamos a conocer la del Jacinto, esa planta bulbosa
de la familia Asparagaceae que todos conocemos en jardinería.
Hyacinthus orientalis, L. es originario de la zona oriental del Mediterráneo y África meridional y se cultiva desde el siglo XVIII como una de las principales plantas de jardín.
Su nombre original es “Hyákinzos” parabra formada por el vocablo
griego “ánzos” que significa flor y la exclamación “ay” que además dicen que
está escrita en la flor.
La leyenda, dentro de la mitología griega, cuenta que Jacinto era un joven héroe laconio, hijo de
Amiclas y Diomedes según Ovidio, cuya su belleza despertó la pasión de Tamiris,
el primer hombre que cortejó a otro hombre, también la de Céfiro, dios del
viento del oeste, de Bóreas, dios del viento del norte y después la del dios griego
Apolo que se enamoró de él.
Un día los dos enamorados estaban jugando a lanzar el disco y Apolo
quiso presumir ante Jacinto lanzándolo con toda su fuerza, mientras el viento, cegado
por los celos, se apoderó del disco y lo lanzó a Jacinto hiriéndolo de muerte
en la sien. Apolo al ver que no podía curarle ni devolverle la vida, le
concedió la inmortalidad transformándole en la flor llamada Jacinto.
Desde entonces, esta flor se regala para representar el afecto, aunque
según la versión de Ovidio, las lágrimas de Apolo cayeron sobre los pétalos de
la flor dejando una huella que se interpretó como las primitivas letras “¡Ay!”
como símbolo del lamento del dios Apolo.

