El Madroño (Arbutus unedo) es un árbol muy extendido por toda la Península Ibérica con mayor abundancia en la zona mediterránea y a pesar de ello su fruto, el madroño, es el gran desconocido en nuestra gastronomía debido a que popularmente se recomienda ingerir esta fruta en pequeñas cantidades dado que en su estado de madurez fermenta llegando a contener hasta un 0,5% de alcohol y producir efectos embriagantes.
El fruto del madroño es carnoso, de tipo baya, comestible, forma globosa, que adquiere un color rojo cuando está maduro, en su parte exterior presenta pequeñas protuberancias, lo que se denomina tuberculado.
Mide entre 7 y 10 mm aproximadamente, con 5 lóculos y cada uno contiene abundantes semillas, por lo que decimos que el fruto es polispermo.
Sus semillas son de pequeño tamaño, color oscuro, generalmente marrones, angulosas, dispuestas en el centro del fruto.
Se consume en crudo aunque su sabor resulta poco dulce pero sus aplicaciones son principalmente culinarias en mermeladas, compotas y confituras por su contenido en azúcar, pectina y ácido málico y en salsas con vino para acompañar carnes. Dada su facilidad en fermentar se usa en la elaboración de licores y vinagres.
En su composición taninos y flavonoides, como la isoquertina, convierten esta fruta en un potente antioxidante y además tiene vitaminas C y E principalmente.
También contiene minerales como el calcio, el potasio, el magnesio, el hierro y el zinc.
Tiene propiedades antiinflamatorias y antibacterianas y es un excelente diurético.

