Se denominan gálbulas, en términos botánicos, a los frutos en forma de cono de base redondeada, a veces carnoso, que se producen en plantas cupresáceas, en especial a las que produce el ciprés (Cupressus sempervirens, L.).
Las gálbulas del ciprés son leñosas y deshicentes, redondas u ovaladas de
hasta 4 cm de longitud, con 5-8 parejas de escamas poliédricas de color pardo y
que contienen numerosas semillas, planas y alargadas, en su interior.
Aparecen en las ramas terminales en otoño y maduran al segundo año, después
permanecen secos y sin semillas durante varios años más en el árbol.
En las sabinas (Juníperus sabina) y los enebros (Juníperus communis) el
fruto se conoce como arcéstidas, porque dentro de ser gálgulas, son frutos
carnosos, bayas que contienen una sola semilla o pocas de ellas.
Cupressus sempervirens, L. o
ciprés mediterráneo, es un árbol perenne que se ha cultivado durante milenios como árbol
ornamental, como elemento aislado en parques, jardines y especialmente en cementerios, así como para la formación
de setos cortavientos.

